Idolos con pies de barro
Apr. 28th, 2004 03:20 amHe tomado una decisión. Pensarás que eso no es para tanto. Que la gente toma decisiones cada día y no por eso es un gran acontecimiento. Pero si me conocieses un poco más, sabrías que el hecho de que yo tome una decisión es toda una hazaña. Si tuviese segundo nombre, seguro que sería Indecisa. Indecisa Fernández, esa soy yo.
Pues como decía, he tomado una decisión. La verdad es que tampoco es una gran decisión. Pero ¡Ei! Apiádate de mí, soy nueva en esto. Mi decisión es que voy a escribirte siempre en segunda persona, singular. Hablarte de tú (el Usted lo dejo para Fernando Schwartz en Lo + Plus), me parece más íntimo, más personal. Y la verdad, es que así me resulta más fácil escribirte.
Así que una vez tomada la decisión y hecha pública, sigo a lo mío.
Yo siempre he pensado que no me parezco en nada a mi madre. Pero, cada vez más, me sorprendo diciendo algo que suena exactamente como si saliese de su boca. O ideas que ella expresa, cuando yo misma creo que no la estoy escuchando, de repente, se meten en mi cabeza y ya no me suenan tan tontas o ingenuas (por que has de saber que mi madre, a su manera, es bastante ingenua). Supongo que esto nos pasará a todos un poco, según vamos madurando y abandonando parte de la rebeldía adolescente que nos hace oponernos a nuestros padres por norma.
Hace ya años que mi madre, cada vez que ve a Maradona por la tele, o más bien cuando ve a todos esos fans incondicionales que le declaran su amor hasta la muerte, se pone mala. Y quizás a fuerza de oirla, esa idea se me ha pegado un poco a mí también. Y hoy, tras ver las noticias sobre el estado de salud del Pelusa, me ha dado por darle vueltas al asunto.
Vale, acepto que haya sido un genio jugando al futbol (lo acepto por que todos lo dicen, por que yo de futbol entiendo más bien poco), que se encuentre en el Olimpo junto a gente como Pelé (Pondría más ejemplos, pero insisto... yo de futbol 0). Puedo entender también que se le idolatre como Maestro del futbol, pero el fanatismo hacia Maradona (especialmente en Argentina) va mucho más allá. Todo él es un Dios. Y la verdad, teniendo en cuenta el tipo de vida que ha llevado, me pregunto qué clase de ejemplo puede dar. Qué mensaje se lanza a la juventud, si asociamos el deporte con las drogas. ¿No importa que te metas unas rayas, si luego le pegas patadas a un balón como nadie?
Ya sé, ya sé, no hace falta que me lo digas. Esto suena a moralina barata. Y yo soy la primera a la que le repatea la moralina barata. Pero como dije por ahí arriba, siento que cada vez me parezco más a mi madre.
Pero el caso de Maradona no es único (para muestra O.J. Simpson) hoy en día y supongo que a lo largo de la historia, por que yo creo que el mundo tampoco ha cambiado tanto.
Por alguna extraña razón, tendemos a perdonar, olvidar, ignorar o incluso imitar, los fallos de aquellos que por alguna razón son mejores a los demás. Qué nos importa si Maradona se metía coca, si O. J. asesinó a alguien, si Lady Di se tiraba cualquier cosa que llevase pantalones o si a Mike Tyson le gusta maltratar mujeres. Subidos a su pedestal son perfectos, puros, casi virginales. Están más allá del bien o del mal. Que las leyes humanas no afecten a lo divino.
Y no pretendo decir con esto que haya que olvidar todo lo bueno que sí que han hecho. Sino más bien, que hay que disociar. Su arte, su genialidad, sí que es admirable. Pero fuera de eso son tan humanos como tú y como yo. Con sus virtudes y defectos. Yo no pienso dejar de escuchar Billie Jean de Michael Jackson por que al final se demuestre que es un pederasta (aunque me temo que nunca se sabrá a ciencia cierta. Ya lo decía Quevedo "Poderoso caballero es Don Dinero"). O dejaría de disfrutar de un partido de Maradona (si fuese aficionada al futbol). Pero nunca sería capaz de considerarlos Héroes.
Besinos,
Lux.
PD: Vale, vale, ya me cayo. Te prometo que en mis próximas actualizaciones seré más Freaky, que esto de la moralina no es lo mío.
Pues como decía, he tomado una decisión. La verdad es que tampoco es una gran decisión. Pero ¡Ei! Apiádate de mí, soy nueva en esto. Mi decisión es que voy a escribirte siempre en segunda persona, singular. Hablarte de tú (el Usted lo dejo para Fernando Schwartz en Lo + Plus), me parece más íntimo, más personal. Y la verdad, es que así me resulta más fácil escribirte.
Así que una vez tomada la decisión y hecha pública, sigo a lo mío.
Yo siempre he pensado que no me parezco en nada a mi madre. Pero, cada vez más, me sorprendo diciendo algo que suena exactamente como si saliese de su boca. O ideas que ella expresa, cuando yo misma creo que no la estoy escuchando, de repente, se meten en mi cabeza y ya no me suenan tan tontas o ingenuas (por que has de saber que mi madre, a su manera, es bastante ingenua). Supongo que esto nos pasará a todos un poco, según vamos madurando y abandonando parte de la rebeldía adolescente que nos hace oponernos a nuestros padres por norma.
Hace ya años que mi madre, cada vez que ve a Maradona por la tele, o más bien cuando ve a todos esos fans incondicionales que le declaran su amor hasta la muerte, se pone mala. Y quizás a fuerza de oirla, esa idea se me ha pegado un poco a mí también. Y hoy, tras ver las noticias sobre el estado de salud del Pelusa, me ha dado por darle vueltas al asunto.
Vale, acepto que haya sido un genio jugando al futbol (lo acepto por que todos lo dicen, por que yo de futbol entiendo más bien poco), que se encuentre en el Olimpo junto a gente como Pelé (Pondría más ejemplos, pero insisto... yo de futbol 0). Puedo entender también que se le idolatre como Maestro del futbol, pero el fanatismo hacia Maradona (especialmente en Argentina) va mucho más allá. Todo él es un Dios. Y la verdad, teniendo en cuenta el tipo de vida que ha llevado, me pregunto qué clase de ejemplo puede dar. Qué mensaje se lanza a la juventud, si asociamos el deporte con las drogas. ¿No importa que te metas unas rayas, si luego le pegas patadas a un balón como nadie?
Ya sé, ya sé, no hace falta que me lo digas. Esto suena a moralina barata. Y yo soy la primera a la que le repatea la moralina barata. Pero como dije por ahí arriba, siento que cada vez me parezco más a mi madre.
Pero el caso de Maradona no es único (para muestra O.J. Simpson) hoy en día y supongo que a lo largo de la historia, por que yo creo que el mundo tampoco ha cambiado tanto.
Por alguna extraña razón, tendemos a perdonar, olvidar, ignorar o incluso imitar, los fallos de aquellos que por alguna razón son mejores a los demás. Qué nos importa si Maradona se metía coca, si O. J. asesinó a alguien, si Lady Di se tiraba cualquier cosa que llevase pantalones o si a Mike Tyson le gusta maltratar mujeres. Subidos a su pedestal son perfectos, puros, casi virginales. Están más allá del bien o del mal. Que las leyes humanas no afecten a lo divino.
Y no pretendo decir con esto que haya que olvidar todo lo bueno que sí que han hecho. Sino más bien, que hay que disociar. Su arte, su genialidad, sí que es admirable. Pero fuera de eso son tan humanos como tú y como yo. Con sus virtudes y defectos. Yo no pienso dejar de escuchar Billie Jean de Michael Jackson por que al final se demuestre que es un pederasta (aunque me temo que nunca se sabrá a ciencia cierta. Ya lo decía Quevedo "Poderoso caballero es Don Dinero"). O dejaría de disfrutar de un partido de Maradona (si fuese aficionada al futbol). Pero nunca sería capaz de considerarlos Héroes.
Besinos,
Lux.
PD: Vale, vale, ya me cayo. Te prometo que en mis próximas actualizaciones seré más Freaky, que esto de la moralina no es lo mío.