luxbella: Lux al aparato, ¿Digame? (Mantita!Ron)
[personal profile] luxbella
Sólo tengo unos cinco minutos para actualizar. Lo que a mí me suena a misión imposible. Porque yo soy de las que me tiro dos horas para hacer una entrada normalita. Y no te digo yo para una un poco más elaborada.

¿Entonces por qué actualizar ahora y no esperar a que tenga más tiempo? Porque hoy viene mi hermano de la universidad lo que significa que no sé cuando podré tocar de nuevo el PC durante todo el fin de semana.



¿Y de qué voy a hablar?

Ayer fui a ver "Million Dollar Baby" pero como no tengo tiempo, no voy a decir nada ahora.

El fin de semana pasado, le prometí a [livejournal.com profile] blumis el por qué de mis fandoms, pero para eso sí que no tengo tiempo. Así que tampoco, para otra ocasión.

Tengo nuevo OTP en Gilmore Girls. El clásico es Lorelai&Luke, que parece que va. Pero esta segunda temporada me estoy haciendo Rori&Paris. Y es que tanta tensión entre dos adolescentes no es normal. Y encima esta semana Rori hizo de Julieta y Paris de Romeo. Blanco y en botella. Arriba el Rollo-Bollo. Pero tampoco tengo tiempo de extenderme en eso.

Así que para que la cosa vaya rapidita, lo único que puedo hacer es dejar mis últimos iconos. Y tras babear en los Oscars con ÉL. El hombre entre hombres. El nuevo macho-man de Hollywood, no me quedó más remedio que iconearlo:

1. 2. 3.

4. 5. 6.


Fuente de las fotos: CliveOwen.net

Ahora lo dificil es escoger cuál me pongo y sobretodo... Cuál me quito. Es que esto de los tres iconos es un asco.

Y también he hecho uno con Mantita!Ron, porque... había que hacerlo. Y porque [livejournal.com profile] truchita escribió esta preciosidad y fue inevitable:

7.

Y ya nada más. Bueno sí, el último capítulo de "Con la furia de una gata herida". Bueno, aunque no es el último sino más bien el penúltimo, pero como al último lo llamé epílogo, este, técnicamente es el último.



Capitulo 9


La funesta flecha cruzó el escaso metro y medio que separaba a las dos mujeres en un abrir y cerrar de ojos. Su sangre comenzó a brotar dibujando una rosa roja sobre su blanco vestido. Alma se llevó las manos al pecho, consciente de que se le iba la vida.
-¡MADRE, NO! –Gritó Cole al tiempo que con un aullido se transformaba en Balthazor. Y lanzó una bola de energía contra Elizabeth. Pero esta fluctuó antes de que impactase contra ella.
Balthazor se arrodilló junto a Alma. Apenas le quedaba un hilillo de aliento. Estaba murmurando algo, aunque él no lograba entender sus palabras.
-...Prométemelo –Consiguió entender Balthazor al fin. –Prométeme que te quedarás con...
-Te lo prometo. –Le respondió él, pensando que se refería a que se quedara a su lado hasta el final. –Pero te pondrás bien. Tienes que hacerlo. Yo te necesito.
-Mi... adorado... demonio... –Dijo Alma acariciando su rostro con las últimas fuerzas que le quedaban. –Puedes sin mí... tienes lo que hace falta... Aquí... –Deslizó su mano hasta el pecho de Balthazor, justo sobre su corazón. –Sólo... recuerda tu promesa...
Balthazor posó delicadamente sus labios sobre los de Alma. Y supo que tenía que decírselo. Que ella era su vida y su paz. Que si algo bueno había en él, sólo ella podía sacarlo. Que era su esperanza, su única oportunidad de llevar una vida mejor. Pero mientras la besaba, sintió como se le iba. Alma había muerto entre sus labios.
-Te quiero... –susurró mientras cerraba lentamente los ojos fijos de Alma. –Y ella pagará por lo que te ha hecho. –Añadió sintiendo como la furia crecía en su interior. Un odio como jamas había sentido se apoderó de él. Tenía que matarla. Igual que ella había matado a Alma, a su “Alma”.
Entonces lo supo. Debía utilizar aquella abominable flecha para acabar con ella. Era lo justo. Como debía ser. Apunto estaba de arrancarla del pecho de Alma, cuando en el quicio de la puerta apareció Sylvia. No hacía falta mucha imaginación para leer en la expresión de su cara lo que estaba pensando. Pero él no tenía ni fuerzas ni ánimo para dar explicaciones y mucho menos a aquella mujer que nunca le creería. Y en el estado en que se encontraba, era muy capaz de matarla si se cruzaba en su camino.
-Márchate, bruja –Dijo Balthazor arrastrando las palabras. –si no quieres morir tú también.
Sylvia no esperó nada más y salió huyendo, con la palabra “asesino” dibujada en sus labios. Él, sosteniendo con frenesí la flecha, fluctuó.

-Madre... Te estás volviendo predecible con los años. –Dijo Balthazor apareciendo junto a Elizabeth en el Cementerio de Saint Louis nº1. Junto a la auténtica tumba de la famosa bruja Marie Laveau, no aquella siempre rodeada de turistas, si no en la que la habían enterrado secretamente sus seguidores.
-Sabía que me buscarías, por eso vine a visitar a mi vieja “amiga”. –Dijo Elizabeth con una sonrisa en los labios al recordar cuánto trabajo le había costado acabar con la maldita Reina Vudú. Aunque al final, como siempre, ella se había salido con la suya.
-Entonces también sabrás lo que voy a hacer ¿no?
-Tienes que entender que lo que he hecho, es por tu bien, hijo. No podía permitir que esa ridícula Luz Blanca te apartase de tu camino. –Y añadió con una especie de demoníaco orgullo maternal. –Estás destinado a cosas muy grandes. No puedo permitir que mi trabajo y mis esfuerzos de todos estos años por asegurarte una buena posición ante la Triada y la Fuente se vayan al traste por que de repente descubras tu débil lado humano.
-Tus argumentos no me convencen. No me bastan. –Balthazor ya había oído más que suficiente. Con una sola mano rodeó el blanquísimo cuello de su madre. Y apretó... apretó con todas sus fuerzas... con todo su odio...
Elizabeth sabía que había llegado su momento. Que iba a morir a manos de su hijo. Y sin embargo sonreía, con una sonrisa siniestra y malvada. Pero Balthazor no se encontraba en condiciones de analizar las expresiones del ser que más odiaba en ese momento.
-Mataste a mi padre, y no pude hacer nada... –Seguía apretando cada vez con más fuerza el hermoso cuello. –Me manipulaste a tu antojo, arrastrándome a una vida de muerte y maldad... –En los ojos de Elizabeth brillaba una especie de orgullo, difícil de explicar en esas circunstancias. –Pero ahora pagarás por todo lo que me has hecho... Por la muerte de Alma. –Y clavó la negra flecha en el pecho de su madre.
-Este sí es mi hijo. –Murmuró agonizante Elizabeth, con su último aliento –Ahora ya eres mío para siempre.


***************************************



Los ojos de Phoebe estaban llenos de lágrimas. Todo lo que acababa de descubrir de Cole le producía un dolor y una compasión que le hacían amarlo más aún, si es que eso era posible. Acarició su rostro con ternura. Él había consumido las pocas fuerzas que le quedaban con el hechizo para mostrarles sus recuerdos y se había desmayado.
Caterina retrocedió hasta un rincón del Mausoleo y se hizo un ovillo. ¿Qué iba a ser de ella ahora? Toda su vida había tenido un único fin, una única meta. Pero acababa de descubrir que su venganza no tenía razón de ser, por lo que su vida también carecía de sentido. Alzó la vista un poco y vio el cuerpo tembloroso de su padre. De aquel que la había engendrado con amor y no con odio como ella siempre había creído.
-“Por la luna. Por el fuego. Vuelvan las fuerzas ti. Vuelva el descanso a tu alma torturada. En esta hora y en esta noche, rompo las cadenas que te mantienen preso. Por todas las fuerzas de la naturaleza y sus cuatro elementos esenciales. Tuviste piedad y yo la tengo.”
Apenas acababa de pronunciar estas palabras, cuando los temblores de Cole cesaron y poco a poco, como despertando de un mal sueño, abrió los ojos. Lo primero que vio fue a Phoebe, inclinada sobre él. No se atrevía a mirarla a los ojos. Todo lo que había hecho, todo lo que le había mostrado era demasiado terrible y temía que ella le odiase por ello.
-Cole, debiste contármelo todo desde el principio. –Le dijo Phoebe trasmitiéndole todo su amor en su tono de voz. –Lo habría comprendido.
-¿Comprender el qué? ¿Que maté a mi propia madre? Eso es demasiado horrible incluso para un demonio.
-Fue ella. ¿No lo entiendes? Ella misma te condujo hasta ahí para asegurarse que nunca abandonases tu lado oscuro. –Phoebe le besó con dulzura, como queriendo borrar todo lo que aquella mujer le había hecho.
Cole le sonrió, con una de esas sonrisas que tanto se parecen al arcoiris que surge tras una tormenta. Y después miró a Caterina, que permanecía acurrucada en un rincón. Y en ese momento comprendió por primera vez qué era lo que Alma había intentado decirle antes de morir. Aún sin saberlo, se había comprometido a cuidar de la hija de ambos. A quedarse al lado de Caterina. Pues bien, era el momento de cumplir su promesa.
-Vámonos a casa. –Le dijo acercándose a ella y tendiéndole la mano. La niña le miró por un instante indecisa. Aún pesaban demasiado tantos años de rencor. ¡De rencor sin sentido! Entonces supo lo que tenía que hacer. Y tomó la mano que le ofrecía su padre.

Fin

Pues lo dicho, que aun queda el epílogo y para que la cosa no sea tan sosa, hay alguna que otra sorpresilla.

Y ahora sí, me voy que, como decía el conejo de Alicia Llego tarde, llego tarde, llego tarde

Besos,

Lux.




Estoy: Pos Bien
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Lux

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