luxbella: Lux al aparato, ¿Digame? (besame)
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Adoro las bibliotecas. De siempre.

Cuando estaba en el colegio, adoraba los jueves, pues era el día en que mi curso tenía asignadas una hora para ir a la biblioteca. No era obligatorio, pero yo era la que nunca falta a la cita.

De aquella época recuerdo especialmente "Rebeldes" de Susan E. Hinton, el primer libro que leí en el que decian tacos (y no conseguía entender porque mi prima mayor no se sorprendía tanto como yo) y "Siete chicos Australianos" de Ethel Turner, que me hizo llorar como una magdalena.

La biblioteca de mi Colegio, era un cuartucho oscuro, pequeño y tampoco estaba lo que se dice bien provista. Pero daba igual, los libros de la biblioteca tenían el mismo encanto que en la mejor de las bibliotecas del mundo.


Me gustan los libros. Así en general. Y con esto no me refiero al acto de leer, sino al objeto físico. Con sus portadas y páginas númeradas.

Y con esto no te creas que soy especialmente fetichista de los libros. De que persigo, como si de un Lucas Corso cualquiera se tratase, la ejemplar raro, la edición de lujo o de coleccionista. Nada más lejos. Mis estanterias están llenas (es un decir) de ediciones de bolsillo, de lo más económicas. De echo, creo que ya dije alguna vez que mi libro favorito es una edición baratísima (100 pesetas de las antiguas pesetas) de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" de Pablo Neruda.

Y quiero a todos y cada uno de mis libros, pero los libros de biblioteca tienen algo realmente especial. Que han vivido.

Tienen como otro olor, otra textura, desprenden vibraciones especiales. Y es que yo creo que un objeto puede definirse en función de su uso.

Siempre he sentido lástima por las muñecas de exposición, que nunca provocarán las risas juguetonas de una niña, o de los salones que sólo se abren en navidad y con mucho cuidado de no dañar ni estropear nada o de los libros que acumulan polvo en una estantería. Objetos que han sido creados para ser usados y cuya finalidad se desvirtua convirtiendose en meros objetos decorativos.

Pero los libros de las bibliotecas se leen, se manosean. Constantemente viajan y se mueven y ven vidas distintas, manos distintas y ojos distintos los miran y distintos labios pronuncian sus palabras en voz alta o simplemente las susurran quedamente a distintos oidos.

A veces me detengo a pensar, quién habrá leido antes el libro que ahora yo leo. Si le habrá gustado o no, si se habrá emocionado en el mismo punto en que yo lo he hecho o si no le habrá gustado y lo habrá devuelto sin leer.

Y nunca sabes qué sorpresas se pueden encontrar en el interior de un libro de biblioteca.

Una vez me encontré dentro de un libro de poemas de José Hierro, ese poeta con aspecto de viejo boxeador, el carnet de la biblioteca de un chico. Busqué su telefóno en la guía, le llamé y quedamos una soleada tarde de otoño para devolvérselo. Pasamos horas charlando sobre poesía, lo humano y lo divino, sobre cuál habría sido la temporada perfecta para que Mulder y Scully se liasen. Ahora es el padre de mis hijos.

Bueno, la historia no es exactamente así, simplemente entregué el carnet a la bibliotecaria cuando devolví el libro, pero habría sido una buena historia que contar a los nietos, ¿no?

El viernes pasado me apunté a la biblioteca de Avilés. Y saqué Hojas de hierba de Walt Whitman. Es increible, con la afición que tengo yo por la poesía, además de ser fan nº1 de El Club de los Poetas Muertos, nunca había leido a Whitman.

Pero rebuscando en la biblioteca el viernes pasado me encontré con este ejemplar, viejo, de edición de bolsillo, bilingüe (para lo que me sirve a míla versión en inglés). Pero está subrayado y con alguna que otra anotación en los margenes. Y fui incapaz de resistirme a él. Sé que sonará estúpido, pero por un instante sentí que era el ejemplar de Remus (Sólo entenderás este comentario si has leido el M!Crack).

Y así llevo varios días leyendo párrafos subrayados y sin subrayar. Mánteniendo imaginarias discusiones con un desconocido sobre qué es lo que hace este verso es más especial que el siguiente para sentir la necesidad de destacarlo.

Aunque en este párrafo estabamos los dos de acuerdo:

"Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el
origen de todos los poemas,
Poseerás lo bueno de la tierra y del sol... aún quedan
millones de soles,
Nada recibirás ya de segunda o tercera mano... ni
mirarás a través de los ojos de los muertos... ni te
alimentarás de los espectros de los libros,
tampoco mirarás a través de mis ojos, ni aceptarás las
cosas que te digo,
Escucharás lo que te llega de todos lados y lo tamizarás
tú mismo."


Realmente lamentaré el día en que tenga que devolver este libro a la biblioteca.

También voy a hacerte un par de recomendaciones, porque sí, porque hoy es hoy, porque me apetece y porque hace mucho que no hago uno de esos momentos Publi-Lux que tanto me gustan:

*Please, pásate por aquí y vota por los 2 iconos que más te gusten. No te llevará más de 5 minutos y nos harás un gran favor a las integrantes de [livejournal.com profile] making_icons

*Deberías leer/agregar a tu Friend list el diario de [livejournal.com profile] kafki. Sus entradas son breves, no más de dos o tres líneas. Pero gracias a él he descubierto que una novela puede no tener más de 20 palabras. Es un placer ser una lurker de su diario, te lo aseguro.

Y ya para terminar, pondré el capitulo suguiente de "La Gata", aunque tengo que disculparme por poner la cosa tan culebronera :P



Capitulo 6

-¿Alma? –repitió Phoebe en voz alta comprendiendo lo que significaban las palabras de Cole, que sólo ella había oído.
-Sí, ese es el nombre de la Luz Blanca. ¿Cómo lo has sabido? ¿Otra premonición? –Le preguntó Leo extrañado.
-No precisamente. Cole, quizás deberías contarnos todo...
-No, no puedo hablar de eso. –Parecía encontrarse en estado de shock, sin saber muy bien qué hacer. –Debo irme... Tengo que encontrarla...
Leo, Piper y Paige les miraban desconcertados. No comprendían de qué iba todo aquello y parecía que los otros dos no tenían intención de explicárselo.
-No creo que sea buena idea. –Phoebe no quería dejar marchar a Cole en ese estado. –Después de todo sólo es un rumor. No lo sabemos seguro.
-Yo lo sé, y por eso tengo que hacerlo. Sabes que tengo que hacerlo.
-¿De qué demonios estáis hablando? –Les pregunto Paige. Aunque no obtuvo respuesta.
-Está bien. –Sabía que no podría hacerle cambiar de idea. –Pero yo voy contigo.
-No, esto tengo que hacerlo sólo... Es cosa mía... Si ella es mi... –Se le formó un nudo en la garganta. –Necesito encontrarla.
-Pero... aún no estas a salvo de lo que te está atacando... Ni sabes dónde... –Y antes de que Phoebe terminase la frase, Cole fluctuó.
Durante un instante, Phoebe se quedó con la mirada perdida en el mismo punto en el que había desaparecido su marido. En días como ese odiaba su vida de Embrujada. ¿Por qué no podía ser todo normal? Ella una simple periodista casada con un simple abogado.
-Phoebe, ¿nos vas a explicar de qué va todo esto? –Le preguntó Piper sacándola de su ensimismamiento.
-Primero debería entenderlo yo... pero... creo que Caterina es la hija de Alma...
-Sí, a esa conclusión habíamos llegado todos –La interrumpió Paige.
-...y de Cole. –El silencio en la habitación se hizo atronador.


-¡CHICOSSSS! –Gritó Paige desde el ático. -¡Subid ahora mismo! ¡CHICOSSSS!
Mientras Piper y Leo trataban de tranquilizar a Phoebe, Paige había subido a ver si podía encontrar en el Libro de las Sombras algo, lo que fuese, para tratar de solucionar aquel embrollo. Y lo que encontró realmente era sorprendente.
Sus hermanas y su cuñado aparecieron por la puerta con expresión preocupada. Expresión que pasó a ser de sorpresa cuando vieron que Paige no estaba sola.
-¡Abuela! ¿Qué estás haciendo aquí?
-Hay algo que debéis saber. La profecía resultó cierta y tenéis que tomar cartas en el asunto.
-¿Profecía? ¿Qué profecía? –Le preguntó Phoebe -¿De qué hablas?
-De esta. –Dijo Paige señalando una de las páginas del Libro – “La sangre será mezclada. De las más poderosas y antiguas estirpes de brujas y demonios, nacerá el Hijo de la Luz y de la Sombra. Será el ser mágico más poderoso que ni cielo ni infierno hallan visto jamás. Las luces y las sombras anidarán en su ser, por lo que su magia no será ni buena ni mala. Su destino se forjará en el momento que haga su primera acción irreversible. Y todo su poder recaerá en el bando elegido. Para bien o para mal.”
-Es una profecía muy antigua. Y pocos la recordaban ya. Y de los que la recordaban, muy pocos creían que fuese verdadera. –Les explicó Penny. –Pero yo siempre he sabido que así ocurriría. Y, bueno, cuando oficié tu boda –Añadió acercándose a Phoebe. –creí que tú traerías al mundo al niño de la profecía. Después de todo Cole es el último de una de las más antigua sagas de demonios y tú eres una de las Embrujadas... Pero se ve que la criatura mágica ya había nacido. Y me parece que ya la habéis conocido.
-Es Caterina. –Les aclaró Paige, que ya había oído la historia.
-Pero Alma era una Luz Blanca, no una bruja. Eso no encaja con lo que pone en la profecía. –Señaló Piper.
-La profecía no dice que tenga que ser una bruja, sino pertenecer a una estirpe de brujas. Y Alma también era una de las descendientes de Melinda Warren. Una especie de prima lejana vuestra. –Les aclaró la abuela. –Pero ahora la niña está en peligro. Su poder se está acercando demasiado al mal y tenéis que evitarlo. Un poder así, al servicio del inframundo podría ser catastrófico.


***************************************



La buscó por todos los sitios que se le ocurrieron, recorrió toda la ciudad de cabo a rabo. Pero sin ningún resultado. Finalmente decidió buscar en el Mausoleo, después de todo allí fue donde la habían encontrado por primera vez, si es que Paige tenía razón y tanto Bolita como Caterina eran la misma.
La noche iba cayendo lentamente sobre San Francisco, convirtiendo el antiguo cementerio en un lugar más siniestro, si cabe. El panteón de la familia Turner estaba frío y oscuro... Y desierto. Allí tampoco estaba la niña. Ya no sabía que más hacer para encontrarla ni dónde buscar. Pensó que quizás fuese mejor regresar a la mansión Halliwell. Phoebe tenía razón. Debería haber aceptado su ayuda.
-¡C A T E R I N A! –Gritó en un último intento desesperado.
De repente, a su espalda el aire se removió, y como surgida de la nada, fluctuó Caterina.
-¿Me buscabas, –Cole se giró enfrentándose a la mirada más fría y la sonrisa más siniestra que había visto en su vida. –...Padre?


***************************************



Phoebe se acercó al Libro de las Sombras. Tenía que ver con sus propios ojos aquella profecía. Todo se había complicado demasiado. Pero tenía que encontrar la forma de salir de todo aquello.

Al acercar su mano al libro, su cuerpo fue recorrido por un escalofrío y una de sus visiones volvió a apoderarse de ella. Vio a Caterina. Estaba muy quieta, de pie, mirando fijamente al suelo con una sonrisa en los labios. Pero era una sonrisa dolorosamente triste.
-No hay piedad, ya que tú no la tuviste. –Dijo con un tono de voz demasiado cruel para una niña.
A sus pies, yacía Cole... muerto.

Continuará...

Pues ya te dejo que la cena está empezando a oler muy bien desde aquí.

Besos,

Lux.




Estoy: Hambrienta
Escucho: I got live (BSO Hair)

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